Las plantillas están por todas partes por un motivo: son rápidas y baratas. La pega es que una plantilla hace que tu negocio se parezca a todos los demás que compraron la misma. El esqueleto está bien; es esa sensación de «ya lo he visto» la que te deja en evidencia. Puede que tus clientes no lo piensen conscientemente, pero «esto me suena» no es la impresión que quieres dejar en una primera visita.
Partimos de tu marca, no de una maqueta
Antes de un solo píxel, hablamos. De los estilos y las webs que admiras, de la impresión que quieres dejar, de las palabras que usan de verdad tus clientes. A partir de ahí construimos un pequeño sistema de diseño —tus colores, tu tipografía, tus espacios y tu ritmo— y damos forma a las páginas en torno a él. El resultado toma prestadas las buenas ideas sin copiar a nadie (inspiración, no imitación) y sale con un aire inconfundiblemente tuyo.
Ayuda muchísimo que llegues con unas cuantas referencias y una idea de tu propia marca: un logo, un color que te encante, ejemplos de webs que te transmitan lo que buscas. Si quieres ir adelantando eso, nuestra guía para preparar el proyecto te lo pone fácil.
Distintivo por fuera, fiable por dentro
Un aspecto a medida no significa una construcción frágil. El diseño se apoya en la misma base probada que hereda cada una de nuestras webs, así que tienes carácter y fiabilidad, en lugar de renunciar a uno para tener el otro.
Cuidado hasta en los detalles
Un buen diseño es también un diseño que funciona para todo el que llega: tipografía legible, contraste de color de verdad, un foco claro para quien navega con el teclado. Lo tratamos como parte del oficio, no como una casilla que se marca al final (aquí te contamos por qué importa). La opción pensada frente a la de serie, en lo que se ve y en lo que no: eso es lo que hace que una web se sienta de verdad tuya.